«¿Derecho para salir torcido?» Sobre el derecho y la justicia en la enseñanza de la profesión jurídica

Del Mastro, Fernando (2018). Venga a nosotros tu reino: la justicia como fuerza anímica ausente en la enseñanza del derecho. Derecho PUCP, 0(81), 463-510, doi: https://dx.doi.org/10.18800/derechopucp.201802.015
Escrito por: Alejandra Garay Serna
Pocos se detienen a pensar en lo paradójico de que el derecho, que fue concebido supuestamente para lograr la justicia en la sociedad, sea utilizado para reproducir o crear injusticias. Aún peor, que termine siendo muchas veces el vehículo y la razón de ser de esas mismas injusticias y que, aunque las personas reconozcan que el resultado de aplicar algunas normas en algunos casos sea injusto, terminen legitimándolo y aceptándolo simplemente porque «así es» según una norma dada. Así lo ejemplifica Fernando Del Mastro citando a uno de sus estudiantes: «En Trujillo que es donde reside la familia de mi papá, los derechos laborales ni existen, las jornadas para limpiar el arroz son de 8 a 8, la jornada de las 8 horas parece que nunca existió en estas tierras. Y para mal de males, ni seguro tienen los pobres. ¿Creen que eso no deprime? Pues a mí, me deprimía mucho. Después de todo, estudiaba derecho para buscar la justicia, no para ver papeles y reclamar normas que no se iban a aplicar jamás.» (pág. 493)
En el texto «Venga a nosotros tu reino: la justicia como fuerza anímica ausente en la enseñanza del derecho» (2018), el autor peruano Fernando Del Mastro argumenta que, por medio de lo que él denomina ‘currículos ocultos’, la enseñanza del derecho aviva en los estudiantes conductas contrarias a la justicia. Del Mastro escoge una manera inesperada de ver la justicia, al alejarse de ella como saber conceptual y procedimental y abordarla como «una fuerza (…) que se experimenta y comprende cuando anima nuestro modo de pensar y actuar» (pág. 464). Así, en la primera parte de su texto, el autor explora la dimensión anímica de la justicia desde el plano mitológico y religioso. De esta manera, toma la idea de justicia como una fuerza presente en mitologías como la griega, la egipcia y la romana y nos introduce a su opuesto: la hybris. Según estas mitologías, mientras la justicia incita (o anima) a la rectitud, el equilibrio y la armonía; la hybris anima a la perversión, la dominación y la discordia (pág. 465). Después de introducirnos a esta dualidad, el autor sostiene, en la segunda parte de su texto, que «existen indicios de que la enseñanza del derecho promueve el desarrollo de la hybris como fuerza que anima el pensamiento y la conducta de quienes ejercerán la profesión en el futuro.» (pág. 465) Así, toma las tres actitudes que esencialmente son motivadas por la hybris (la perversión, la dominación y la discordia) y explica en orden cómo en las facultades de derecho los estudiantes son inclinados hacia cada una de ellas.
La presente reseña busca acercar los comentarios del autor al contexto colombiano e invitar a profesores y estudiantes a discutir e investigar sobre la manera en que se construye la profesión jurídica en Colombia y sobre los abogados que queremos ser (o formar). Partiendo de estos objetivos, el texto se enfocará en la primera de las tres actitudes que expone el autor como parte de la hybris: la discordia.
Del Mastro empieza su texto hablando sobre el creciente desprestigio de la profesión del abogado en su país. Lo que más contribuye a este desprestigio es el nivel ético de las personas que ejercen la profesión. El autor presenta una serie de ejemplos de casos recientes en los que en Perú se ha cuestionado la integridad de aquellos que ejercen la profesión jurídica. Los dejaré de lado y, en cambio, citaré algunos casos recientes que, en Colombia, han tenido el mismo efecto. Apenas en los últimos cinco años en Colombia hemos tenido grandes escándalos como el Cartel de las Tutelas, el Cartel de la Toga, los abogados involucrados en el caso de Odebrecht. Entre 2017 y 2018, las Salas Disciplinarias de los Consejos Seccionales de la Judicatura condenaron a más de 1.400 abogados (Valbuena Niño, 2019). No sorprende entonces la imagen que tiene la población colombiana de los abogados como personas que comprometen su juicio profesional y su formación para lucrarse, o incluso como facilitadores del crimen y la corrupción. Para Del Mastro, esta crisis tiene gran parte sus causas en la pedagogía.
En primer lugar, el autor afirma que la corriente positivista que ha venido tomando fuerza es perjudicial para comprender el concepto de justicia pues deja de lado la dimensión anímica del derecho, que es donde ella se encuentra, y considera las normas solamente como un acto humano racional. Esta manera de estudiar el derecho «niega tanto la compleja realidad de su mundo interior como los límites de su capacidad para controlarlo» (pág. 481) y contribuye al aislamiento y a la descontextualización de su estudio. De este modo, se deja de lado el planteamiento de metas formativas enfocadas en lo anímico. En palabras de Del Mastro, “los planes de estudio no contienen cursos ni métodos centrados en experimentar, comprender y formar aquello que anima a los y las estudiantes” (pág. 482). Así, la formación ética se relega a un solo curso dentro del pensum en el que, en algunos casos, solo se exponen las conductas que acarrean sanciones en el ejercicio del derecho.
En segundo lugar, el autor considera que la manera en que se enseña en las facultades de derecho promueve la perversión. Del Mastro define la perversión como el acto de «poner la realidad y los argumentos del modo que nos conviene» (pág. 486). De esta forma, las facultades de derecho plantean una serie de mensajes que asocian el éxito a la habilidad de defender y convencer de cualquier posición, indiferentemente de que esta sea o no compartida. Esto genera en los estudiantes la idea que la convicción personal no es relevante y que lo que importa es el triunfo y termina poniendo el saber más al servicio del ego que al servicio de la justicia (pág. 489).
De otro lado, el autor expone que la perversión se manifiesta también en las estructuras sociales que rodean las facultades de derecho. Con frecuencia las normas internas de las facultades son incumplidas incluso por los mismos docentes. En el caso colombiano, parece que algunos profesores alcanzaran un nivel en el que ya no tienen que seguir las pautas internas de su facultad. En este punto, pueden llegar impuntuales a sus clases, no respetar los plazos para devolver las evaluaciones, modificar el programa del curso sin seguir los parámetros establecidos o superar la carga de lecturas asignada. Todo esto sin ser cuestionados por los directivos y, en algunos casos, tampoco por los estudiantes. Si un estudiante se aventurara a denunciar la falta, se encontraría con un largo y complicado proceso burocrático que, en algunos casos, implica exponer su posición ante un consejo y que, muy probablemente, será infructuoso para él. «Esto muestra un claro desequilibrio en la regulación y en el modo en que esta se aplica ya que las consecuencias del incumplimiento son severas en un caso e inexistentes en el otro» (pág. 496). Este tipo de actitudes motivadas por la hybris tampoco son ajenas a los estudiantes, entre los que realidades como el plagio y la compra de trabajos de investigación no son tan inusuales como quisiéramos.
Tras la anterior presentación, el autor propone dos caminos a tomar para promover la justicia. El primero es hacer un diagnóstico de las maneras no advertidas que inclinan a los estudiantes hacia la hybris. El segundo está en «ampliar lo que se reconoce como valioso por medios oficiales y no oficiales dentro de las facultades de derecho» (pág. 504) para reconocer actitudes como la rectitud, la honestidad, la armonía, entre otras. Finalmente, el autor concluye hablando sobre la importancia de generar dinámicas de autoconocimiento que permitan a estudiantes y profesores entender la dimensión anímica y sus estructuras tanto en la facultad como dentro de ellos mismos.
A manera de conclusión, vale la pena subrayar un punto de la argumentación de Del Mastro: la crisis de la profesión se debe abordar «desde la investigación académica y la gestión pedagógica» (pág. 466). Para el caso colombiano, la investigación frente a la manera en que se forman los abogados y el papel de la ética y la justicia en dicha formación es poca. El llamado es a detenerse a pensarlo. ¿Qué hay en la dimensión anímica de un abogado cuando ejerce su profesión?, ¿de qué maneras los profesores influencian las formas de actuar de los estudiantes?, ¿qué pueden y deben hacer los estudiantes y profesores del derecho en Colombia para superar esta crisis?
Invito a todas las personas que leen el blog de UNA Revista de Derecho a leer el artículo de Fernando del Mastro y los demás publicados en la extraordinaria Revista de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y a que nos cuenten acerca de posibles artículos o sentencias para reseñar (escríbannos a nuestro mail, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.).

Referencias

Del Mastro, Fernando (2018). Venga a nosotros tu reino: la justicia como fuerza anímica ausente en la enseñanza del derecho. Derecho PUCP, 0(81), 463-510, doi: https://dx.doi.org/10.18800/derechopucp.201802.015
Del Mastro, Fernando (23 de julio 2018). Avivar la justicia en las facultades de derecho. Blog Ventana Jurídica. Recuperado de: https://facultad.pucp.edu.pe/derecho/blog/avivar-la-justicia-en-las-facultades-de-derecho/
Valbuena Niño, Juan Vicente (2019). Abogados, expuestos a la corrupción. El Espectador. Disponible en: https://www.elespectador.com/especiales/abogados-expuestos-la-corrupcion-articulo-847607

Universidad de los Andes | Vigilada Mineducación
Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964.
Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.